lunes, 17 de marzo de 2008

Relato: Otoño

 


                               OTOÑO


 


 


Todos los años por estas fechas siento el mismo pesar: este dolor del que se desprende de una parte que hiere dejar caer.


 En la cantidad de años que he ido acumulando con el paso del tiempo no ha habido, ni habrá, uno en el que no haya sentido enflaquecer, debilitar por completo cuando llega el otoño.


 En primavera todo es distinto: el sol brilla para nosotros y nos da la energía suficiente para crecer, para ser útiles, hermosos, sensuales ante una tarde de calor con brisa suave.


 Eché mis raíces aquí, y el sitio me gusta, me siento acompañado de flores, de campos de arcilla y frutos, de aves que encuentran a mi lado su hogar y su descanso.


 Pero todos los años pierdo fuerza y cada año las ganas de recuperarla. Brotar cuando uno se siente acabado no es tarea fácil, cuando el aire y el frío nos ataca por cada costado, y así desnudos vemos pasar el invierno.


 Me pregunto si Dios o la Madre Naturaleza es justa dejándonos a tantos desprotegidos. Desde el alto de este monte veo a otros disfrutar de la nieve y hacer formas curiosas que invitan al juego.


 Se que algunos son felices así y aceptan la diferencia y que cuando llega el calor se toman la vida como un reto y se crecen y ensanchan...y, florecen...


 


 Pero yo ya tengo muchos años y jamás supe disfrutar del otoño. Por eso, quizás nadie viene a verme hasta el verano, cuando estoy rebosante de fruto y vida. Por eso, quizás me siento como un simple palo clavado en la tierra e incluso a veces pierdo la conciencia de ser vivo y dejo que el viento me azote.


 He nacido para ser sombra, no para ser madera; he nacido para la verdura de mis hojas, para el frescor de mis frutos, y cada gota de savia que corre por mi cuerpo la empeño en una flor. Demasiada energía derrochada para un pobre y viejo árbol en un monte. El otoño se hace imposible y cada hoja que cae es un sorbo de vida que me quitan. Durante días he de ver mis hojas pudrirse sobre mis raíces y la impotencia me sacude; elevo mis ramas al cielo y un crujir me sale de dentro y de la tierra asoma una rama, una raíz que quiere salir y tocar esas hojas que fueron sombra y cobijo y brillo ¡ y vida!. Se que el agua de las nubes y la descomposición las devuelve a la tierra y son mi alimento, pero estoy solo, y viejo y cansado...y hace frío aquí arriba y ¡ queda tanto para que se acabe el invierno...!


 


 


 http://es.youtube.com/watch?v=RdtuGyG2E-s


 


 


 


 


                                           



1 comentario:

  1. El arboris que yo conozco: es de hoja perenne, es cierto que los tonos que adornan tan hermoso arboris cambian de color según la estación en la que nos encontremos, más ocres en otoño y más vivos en verano, y es que el clima sabe como expresarse para hacer de mi bello olmo, acompañado por sus flores y campos de arcilla, una armonía celestial a mi vista. En ocasiones deja escapar una de sus hojas para que el viento la eleve, y así poder ver que todo cuanto le rodea lo han puesto para él. Y sus preciosos fotos por fuera y sabrosos por dentro afloran todo el año. En sus ramas se posan aves, que al contacto creen ser el mismo ave fénix. Y a su sombra corre cachito todo el año, detrás de una de sus pelotas, cobijado del frió del invierno y protegido del calor del verano, sus raíces clavadas en mi pecho donde los vientos mecen sus frutos, hojas y ramas, al compás de una balada en otoño.

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