miércoles, 21 de enero de 2009

Candelas


Bajo los pies un frío húmedo como hacía mucho que no sentía, el de la nieve. Sus ojos clavados en la habitación oscura. El olor a paja y hierba fresca se metía por la nariz como ese olor a café que hace siempre mi padre por las mañanas: la taza de mi madre con la leche esperando ser calentada.
El animal se sentía observado y se escondía en la sombra de su madre. Sus ojillos pequeñitos y juguetones nos devolvían la mirada, tantos ojos fijos en ella. La recién estrenada mamá no nos dejaba acercar, ni al niño tocar a su cría. Cuántas veces le dejó montar sobre su lomo y ahora le miraba desconfiada…Soportó cabalgar preñada en silencio en el calor del verano, se mostró cariñosa con el niño, como si supiera que, de otra especie, ella llevaba el suyo dentro. Que pronto nacería y que necesitaría el apoyo de aquellos para sacarlo adelante. Y allí estaba. Como un niño Jesús llegó el 21 de Diciembre sin ser esperada. Y con sorpresa como en un cuento de Dickens la encontramos. Era negrita y sobre la nieve lo parecía aún más; con sus patitas torpes corriendo despavorida por todos los sitios. Se paraba frente al niño como queriendo invitarle en su juego, como sintiendo estar frente a un igual. Lo era, indudablemente: todas las especies tienen crías y todas son adorables, y en casi todos los casos se despierta ese instinto maternal de protección y amor que te lleva a cuidar a tu pequeño ante cualquier peligro o adversidad y a amarlo aunque su llegada nos reduzca el espacio de la cuadra o aunque nos coma la hierba fresca.

2 comentarios:

  1. Siempre que te leo me emociono. Tu manera de expresarte es tan especial como tu misma. Gracias por compartir tus sentimientos, y permitirme que sienta esta felicidad por poder leerlos.
    Un besito, por y para...

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  2. La naturaleza es algo que está ahí, para poder disfrutarla cualquiera, pero no todos tienen los ojos abiertos para ver todo lo que ocurre en cada momento y muy pocos la sensibilidad tuya para vivirla y transmitirla.
    "Nuestro" Pablo es afortunado de rodearse de tantas maravillas. Debe ser por eso que es tan especial.
    Todavía huele el café que espera. Eso también forma parte de la esencia de la vida, de nuestra vida.
    Sabes cómo os queremos.

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