lunes, 27 de abril de 2009

OT

Han pasado 7 años desde la primera gala de Operación Triunfo. Recuerdo que en su momento fue un bombazo y que todo el mundo hablaba de ello. Reconozco haber seguido el programa en varias de sus ediciones, así como también hubo alguna que no vi y otras que vi a trazos. Pero lo curioso es cómo he ido cambiando mi perspectiva al respecto: cuando se estrenó en la televisión me enganchaba ver cómo los chicos cantaban, cómo iban vestidos, etc. Se desataron fanatismos con la ganadora e incluso con los finalistas.
En siguientes ediciones me fijaba en cómo cantaban, en las canciones que elegían, en la evolución de los concursantes.
Pero curiosamente ayer por eso de las casualidades lo volví a ver estrenar. Y me acosté pensando en cómo había pasado el tiempo y en todas las cosas que había hecho en estos 7 años. Lo más llamativo es que si en las primeras ediciones lloraba a moco tendido al ver a los chicos emocionados cantando, ayer lo que me emocionaba era ver a sus padres. Pensaba en cómo me sentiría yo si mi hijo un día me dijera eso de “ mamá quiero ser artista” e intentaba ponerme en la piel de ellos y tenía sensaciones que nunca tuve. Tenían una sonrisa agridulce en la expresión, la mirada de los que saben que estaban ahí incondicionalmente, aunque sus hijos se fueran a casa decepcionados, aunque se quedaran y eso supusiera una separación durante meses y la pérdida en gran medida de la inocencia de los veinte. Pero lo que se veía sobre todas las cosas era orgullo…qué orgullosos nos sentimos los padres con nuestros hijos, por poquito que sea lo que tengan por ofrecer.

http://www.youtube.com/watch?v=LrihwghnPP8

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