martes, 30 de junio de 2009

Pinos,tres añitos.


Había una gran ventana justo en frente de mí, es lo primero que se me viene a la mente: con árboles, pinos, creo. Un día de mucho calor, como venía siendo habitual en los últimos dos meses, se pegaba a los cristales e intentaba entrar sin que nadie lo viese.
Gente, a mí alrededor, a mi lado, por delante, por detrás: un dispositivo maravilloso que llevaba horas protocolizando cada momento a la perfección.
Dolor, angustia en el estómago, ansiedad en el pecho. Y una sensación grata de arrancarme lo que era hasta ese momento sólo mío y que ahora tendría que compartir.
Me aferre a la imagen del paisaje en la ventana y recuerdo que pensaba “¡qué maravilloso lugar!” y me consolaba. Me esforzaba por impregnar esos momentos que sabía que serían únicos, con algo bucólico, incluso lírico que los hicieran más especiales. Ahora me parece increíble que otras emociones posteriores, posiblemente las mejores de mi vida, no hayan borrado los pinos de mis ojos.
Eras pequeñito, mucho más de lo que pude imaginar que serías, y bello, muy por encima de lo que hubiera soñado. Y mío, mucho más de lo que estaba preparada para que fueras. Pero la sensación era tan auténtica que creo que podría vivir toda la vida palpitando cuando la recuerdo.

Han pasado tres años y muchas cosas, pero espero que nunca se me olvide cada detalle de cómo fue el día que naciste…

FELICIDADES HIJO, TE QUIERO.


http://www.youtube.com/watch?v=Q8cTmbU0xVo

3 comentarios:

  1. FELICIDADES RATON.
    Siempre me acordare de ti, porque te siento aquí conmigo.
    Que bonito Maria, enhorabuena tienes un hijo precioso, sensible, bueno………

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  2. FELICIDADES!! A los dos. Eres una gran madre, casi tan especial como persona.Lo estás haciendo muy bien. Pasar un buen día, que se lo importante que es para tí. Besooooos! ;-)

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  3. El transcurrir de los días doblega nuestros cuerpos hacia la tierra que pisamos. Debe de ser un gesto biológico que nos invita a reflexionar cada vez más profundamente. Y, las vivencias pesan, ocupan los espacios comprimiendo los huecos, llenando la vida.
    Hay momentos que pintan de colores alegres esos lugares.
    El nacimiento de nuestro nieto Pablo fué uno de esos, lleno de colorido.
    Pero el verlo crecer, sentirlo tan próximo, como si fuera algo muy "nuestro", compartir contigo sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus gestos de cariño... compartir esa infancia tan bonita que le estás dando, es un regalo maravilloso para nuestra madurez.
    Es revivir tu infancia.
    Queremos que sea como tú, porque LO QUEREMOS MUCHO.
    ¡FELICIDADES PABLO!.
    Los abuelitos.

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