miércoles, 7 de octubre de 2009

Riendas

Duro y firme, el lomo. El pelo fuerte, oscuro y suave. El andar regio con la cabeza bien alta y el bocado entre los dientes. Un baile entre mis piernas , una gozada a la carrera…y saltando como un pequeño juguetón a la orden por todas las barreras: inquieto, suspendido, ligero y algo cansado.
El color al que se torna el paisaje acompaña cualquier paseo y cada paso es un pequeño descubrimiento. La confianza ya en mí perdida y encontrada sobre el crujir de las hojas secas en el suelo, es un premio.
El Sol se está marchando y volvemos a casa: él a juntarse con los suyos que le miraban con envidia cuando salíamos; a comer de su hierba, a beber de su agua fresca hasta el día siguiente cuando se le devuelva la libertad de los “praos “.
Y yo rendida y contenta a juntarme con los míos sorprendidos de la osadía y con los brazos abiertos como siempre; a comer de mi casa, a jugar con mi hijo, y a recordar el paseo, mientras cae la Luna Llena.
http://www.youtube.com/watch?v=RBd1fgMDK5o

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