lunes, 8 de febrero de 2010

Mayordomías.


Infinidad de recuerdos de infancia cerca de ella es con aquellos trajes: esa actitud socarrona y festera que se le ponía y esa carita de “ ahí os quedáis! ”
Recuerdo aquellas tardes de verano cosiendo sentada en la era: todos aquellos recortes de fieltro negro con forma de flores y hojas. Os oía riendo y pasándolo bien, todavía se acuerda María cuando me ve…
Y después ir al baile todos juntos y cantar las Habas Verdes, todos los niños la sabíamos.
Hoy, ayer, formé parte de todo esto. Casi sin darme cuenta y por dar rienda a su capricho. Hace siete años que me apunté, que me bautizaron, parece que fue ayer.
Este año me tocaba a mí hacer los honores a la Santa, y todo salió bien. Gracias a mis padres, a la gente, a mis primos, a mi hijo, a mi abuelo y a ella, que al fin y al cabo es el Alma Mater. Ha sido una gran responsabilidad pero lo hemos pasado muy bien: con el corre corre, con los músicos llegando tarde, con los bollos dando vueltas, mi padre del brazo, el frío y las campanas, la “ retafía”, y el dolor de pies de bailar y bailar.
Ya acabó. Me duele el cuerpo de los nervios de estos días, del trotar, del reír. Me duele el alma cuando me marcho, cada vez más: sé que puedo volver mañana, pero tengo miedo volver y que las cosas no estén como las dejé.

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