miércoles, 6 de octubre de 2010

Constancias y rutinas


Hoy es uno de esos días en los que parece que no amanece: como si la noche se hubiera tragado al Sol, la luz.
Son rutinas pegadas a las manos y delante del espejo , la misma cara aburrida, el mismo pelo y el gesto retorcido de mirar hacia atrás.
El otoño puede ser de colores o venir arrastrado como las hojas; supongo que no empezó bien. Y es como si tuviera miedo de avanzar…todo se me queda grande y yo cada día más pequeñita. Y no sé si ya son sólo mis ausencias las que me fustigan o que me voy acostumbrando y me vamos relajando en querer ganar la batalla a lo de cada día: la rutina y la falta de ilusión es como una mancha de grasa, que si no la lavas rápido, se queda ahí para siempre…
La necesidad de de que no haya un día igual a otro, esa enfermedad mía del entusiasmo y que no me sabe bien la falta de constancia, me están dando en la nuca por las mañanas y no me dejan ver la luz del amanecer…

1 comentario:

  1. La rutina, el valor del cordero.
    Hay lecciones llenas de flores, lecciones con batallas llenas de enemigos fuertes, justos y valientes.
    Y hay horas llenas de horas, que solo sirven para dar espacio, alma, voz a nuestros miedos más cobardes. A los más fáciles de derrotar, si tuvieran cuerpo, manos, sentido.
    Esos son los que requieren de un tipo de valor que pocos tienen, ese valor pequeño que no sirve para escalar ninguna almena: solo para sonreir, bajito, en silencio, sin esperanza.

    Como un rosario de cuentas negras, como un rosario de cuentas blancas.
    Tu no tienes ese valor, pero tienes quien te lo preste. Sin querer, claro, porque se da sin querer, como el brazo del abrazo o la mano de la cosquilla.

    Ánimo y palante, que esto si se lo que es: la sabiduria del cordero.

    Ya vendran batallas ;-) Ahora descansa.

    un besote.

    ResponderEliminar