jueves, 21 de julio de 2011

Desde el ático






Puntas como lanzas de un cuadro del que todos saben su nombre, son las antenas hasta el cielo; calles de atardecer recorridas de tu mano: del cielo al Madrid de la calle y a las plazas de gritos, niños jugando el verano.


El aire se torna una brisa que se agradece después de tocar el cielo con las manos, y en la estrechez de las mesas alienadas se cuela como un ángel que devuelve los alientos.


La calle parece de piedra, es de colores: de todos los colores del mundo y no me reconozco paseando por ella hasta la plaza.



Estoy en Madrid y el Sol está tostando la noche y huele a menta y canela: cierro los ojos y me veo en lugares en los que estuve y con los que siempre sueño para poder repetirlos en mi mente.


Se me parte el corazón en trozos, pero estoy en Madrid, en mi Madrid viejo.