lunes, 12 de marzo de 2012

Pensamientos robados



Cuando vas cumpliendo años y te sientes como ese árbol viejo en lo alto de un monte. Cuando sientes que las hojas se te han ido cayendo y en su lugar no ha salido brotes nuevos.


Cuando te ves rodeado de fotografías y son las caras de ayer las que perduran en tu mente.



Cuando te acuestas, rendido, sin saber que te deparará el mañana, quién vendrá a verte al día siguiente o si alguien se acordará de llamarte para alegrarte el día.

Cuando te sientes solo e intentas estrujar el cerebro pensando a quién ofendiste y como resultado te lamentas.


Cuando el cuerpo no te responde cómo quisieras y viajas a través de los pasillos hasta la calle, pero con la imaginación.


Cuando me siento así: vencido, solo y viejo…


Entonces me consuelo con aquellas cosas que de joven me hacían sentir bien: me cuerdo de mi madre y sus arrumacos tímidos; me acuerdo de los juegos de pequeño, de las novias que tuve y que nunca supe mantener; me abstraigo recordando a mis primos en las fiestas y el color del Sol al ponerse en la playa; de los cafés con los amigos y las cervezas perdidas en una barra.


Cuando veo los años que he dejado sobre esta tierra me recompongo recordando los besos en aquel barco con cualquiera; las casas que construí donde vivieron otros; me desvelo añorando los gritos de los hijos de mis amigos…y vuelvo a estar solo en este cuarto, a sentirme solo: rodeado de desconocidos que son ahora mi familia, manchado de serrín y de pintura: construyendo juguetes de madera para los nietos de otros…


Y me consuelo recordándome abandonado en aquella casucha del campo, y ahora calentito en mi cama, la que me merecí por los años de trabajo.


Y siento que no estoy tan solo, aunque quizá en otra vida, juegue mis cartas de otra manera…