viernes, 19 de septiembre de 2014

La valla


Me acerco, a esa valla. Ese en la que se unen las manos, en las que la sangre tira y tira.

La toco y la siento fría, y alta para ellos: no es casualidad. Pero me reconoce: la piel y su olor, el de la costumbre de unas manos que se unen puntualmente todos los días para encontrarse.

Miro para el otro lado y el griterío de los más mayores me suena conocido: nostalgia de la infancia que siempre se pega en el alma en cuanto encuentra un espacio…

Y me alejo.
Cuando llevo en brazos al más pequeño veo que no despega su mirada de la valla. Le busca, le inventa o le recuerda, ¡vete tú a saber! Estira los brazos para tocarla porque sabe que ahí, todos los días a la misma hora, tiene una cita con su hermano.
 
 
 
 

1 comentario:

  1. Esa vigilia del que cree que una hora del sueño de su hijo es ausencia: esa pérdida sobre la que otros tenemos que cimentar catedrales. Amistad, amigo, amiga: es ea palabra que puede más que la envidia, que me permite dibujar un hilo de la cometa que no se donde coño meter porque está oscuro. yo también te eche de menos, pero poco, porque se que estás ahí.

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